lunes 22 de junio de 2009

Visita a Marruecos



Como parte del master de Cooperación Internacional para el Desarrollo que estamos realizando en el Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid, viajamos hace unas semanas al norte de Marruecos, concretamente a las ciudades de Tánger, Tetuán y Asilah. Durante casi 10 días nos sumergimos en este fascinante país, visitando diferentes proyectos llevados a cabo por diversas organizaciones y asociaciones tanto españolas como marroquíes. Entre las diferentes organizaciones que accedieron a mostrarnos su labor, se encontraba la Fundación CODESPA.

Llevamos desde el mes de febrero del año 2009 colaborando con CODESPA a través de las prácticas del master, así que esta visita nos interesaba especialmente pues nos iba a permitir ver de cerca los proyectos que habíamos leído en papel desde la sede en Madrid. Y no nos defraudó.

El equipo que conforma la delegación de CODESPA en Marruecos nos recibió amablemente al grupo de 40 alumnos y profesores que realizábamos este viaje. Después de una introducción general, Pedro, Pablo, Mounir y Ahmed nos mostraron las instalaciones de la organización, nos enseñaron videos de proyectos que se están llevando a cabo y nos explicaron el día a día del trabajo en la delegación.

Seguidamente nos trasladamos al barrio de Bir Chifa en Beni Makada, un barrio del extrarradio de la ciudad de Tánger altamente poblado, donde hay baja inversión pública en infraestructuras y donde existe un alto índice de desempleo entre los jóvenes. Allí visitamos la asociación local Chifae, que con el apoyo de la Fundación CODESPA se dedica a la capacitación y formación de jóvenes del barrio en el uso y reparación de equipos informáticos. Los encargados de la asociación nos explicaron en qué consistía el proyecto, cómo se gestionaba y las dificultades que ellos habían ido solventando durante su ejecución. La asociación ha tenido una alta aceptación entre los jóvenes del barrio al ofrecerles una oportunidad para acceder al mercado laboral. Tras la visita dimos una vuelta por el barrio y pudimos constatar los esfuerzos que están realizando las asociaciones locales junto con CODESPA para mejorar la calidad de vida de la gente.

Agradecemos al equipo de CODESPA Marruecos de parte de todos los compañeros del master las molestias que se tomaron y les enviamos un fuerte abrazo desde Madrid. Hasta la próxima.



Elena Zapata y Patricia Cabrera, becarias de CODESPA

viernes 19 de junio de 2009

Y el año pasó


Marguerite me advirtió que el tiempo pasaría muy rápido, que tres meses eran para conocer y tres para despedirse. Las compañeras de Barcelona auguraron que sería una experiencia inolvidable y Bendezú me recordó en Madrid que había que hacer las cosas con la seriedad que merecían. María me animó, mucho, a aprovechar el tiempo para disfrutar y aprender.

Y aunque todos tenían razón nunca imaginé cuán gratificante iba a ser este año que he pasado en CODESPA Ecuador. No imaginé cuánto valor podían tener los consejos de Rosita y cuánto iba a extrañarla tras su marcha; no podía imaginar el empuje que trasmite Majo cuando se le ocurre una buena idea y eso ocurre la mayor parte del tiempo.

Y claro, ahora que llega el final, no hay palabras para expresar el cariño y la decisión de Eva ante los problemas, esas frases que trasmiten seguridad cuando a uno los problemas se le hacen muy grandes pero al otro lado del skype escucha un “seguro que lo solucionas muy bien”. A Conchi, a Blanca, a Rosa María… a todos aquellos que no habéis tenido reparo en enseñarme y lo habéis hecho con gusto (o lo habéis disimulado bien) ¡muchas gracias!

Y a mis compañeritas de Ecuador, por esa paciencia, ese aguante, esa sonrisa que habla por sí sola aunque no todos sepamos escuchar sus palabras silenciosas.

A los socios locales, por su lucha diaria y sin condiciones; por enseñarme el compromiso que su vida significa con aquellos que fueron menos afortunados en el reparto de la riqueza. Y sobre todo, y aunque suene un clásico, a todos aquellos por los que nuestro trabajo tiene sentido, a los que confían en nosotros, a los que hacen que cualquier mal rato valga la pena, porque son ellos los que me han enseñado a vivir mucho mejor de lo que lo hacía.

Y ahora que ya acaba este año y hago un análisis del tiempo sólo puedo remarcar lo diferente que ha sido para mí a todo lo que he vivido antes; me ha despertado unas ganas de trabajar irrefrenables; me ha obligado a pensar, a mejorar, a no desistir cuando las cosas no salen y a confiar en la gente, en sus posibilidades, en la de cosas que pueden hacerse trabajando en equipo. Son muchas las ideas, las cabezas pensantes que enfocan sus pensamientos a aportar algo bueno a la humanidad con su labor diaria.

Ha sido un año para madurar un poco, aunque nunca demasiado, para abrir los ojos ante las diferencias y valorarlas como lo más enriquecedor de este trabajo. Puedo decir que, por fin, he encontrado algo que me apasiona tanto como para trabajar sin atender la hora que marca el reloj, tanto como para no quejarme en cada madrugón y para hacer de mi trabajo un motivo para levantarme a diario con más ganas.

Gracias.


Laura Pérez. CODESPA Ecuador

viernes 12 de junio de 2009

Visita a Guatemala



Para visitar a las organizaciones socias de CODESPA, (FUNDACEN y TALITA KUMI), viajé al norte de Guatemala, más precisamente al Departamento de Alta Verapaz, y dentro de éste, a las aldeas Queqchies de los municipios de Coban y San Pedro Carchá donde se desarrollan dos proyectos impulsados por CODESPA, uno de empresas de crédito comunal y otro de inserción laboral para la mujer.

Las comunidades Queqchies, descendientes de la cultura Maya, habitan en los cerros boscosos de las zonas más rurales del norte del país y mantienen su lengua y su cultura intacta, gracias al aislamiento en el que viven como consecuencia de los impenetrables caminos que se deben recorrer para llegar a sus asentamientos. Utilizar el idioma Queqchi, que es hablado por cerca de un millón de personas, es la única forma de comunicarse en cuanto uno se adentra en las aldeas más retiradas.



La vida allí es sencilla y su gente extremadamente tímida y respetuosa. Las mujeres, como es habitual, son las que mantienen la tradición en cuanto a la vestimenta, y continúan llevando, sin excepción, las largas y coloridas faldas y el güipil (entretejido también colorido) sobre sus hombros. Al llegar a las aldeas se nos obliga gentilmente a comer. La dieta, a base de maíz y frijol, se caracteriza por los tayuyos (tortillas de maiz rellenas con pasta de frijoles), café y caldo de res o gallina, siempre con tortillas.

El calor es fuerte y es época de lluvias, por lo que el paisaje es verde y frondoso. Esparcidas entre los empinados cerros, las casas bajas están construídas con tablones de madera, techo de chapa y suelo de tierra pisada. Algunas de ellas tienen pequeños cubículos a sus alrededores, para el cuidado y engorde de cerdos, pollos, gallinas criollas y/o patos.

Al llegar a los asentamientos, mezclándonos entre ellos, nos hablan del pasado, de los aventureros alemanes que llegaron allí hace cuatro siglos y se instalaron acaparando todas las tierras. Poco a poco se fueron acomodando y lograron obtener un pequeño trozo de tierra (las menos productivas y en las laderas más empinadas) donde poder sobrevivir.


Sin embargo, hoy, nos cuentan, las tierras que ocupan, legalmente no les pertenecen y, a pesar de haber vivido allí durante generaciones, viven con la preocupación diaria de un posible y repentino desalojo por parte de la autoridad. En este sentido, como en muchos otros, la posibilidad del acceso a créditos justos que promueve CODESPA con sus proyectos en la zona, son, según mi entender, de vital importancia para el fortalecimiento económico, social y moral de las comunidades en las que actúa, más aún en vistas de la desprotección legal en la que lamentablemente se encuentran por falta de políticas locales al respecto.

La tierra se explota al máximo. Es prácticamente imposible encontrar una parcela que esté improductiva. Siembran mayoritariamente maiz, frijol, cardamomo y café, y lo hacen en laderas con profundas inclinaciones y sin más ayuda que un machete y el azadón (ni tractores ni bueyes utilizan).

Nos reciben con una gran timidez, que no les impide ser extremadamente generosos con sus cosas y su tiempo. Las niñas y niños más pequeños, al vernos llegar, corren a esconderse detrás de las faldas de sus madres, quienes enseguida nos ofrecen una silla donde sentarnos y un plato de comida y café.

Así, durante casi 2 semanas, recorrimos sus aldeas, nos abrieron las puertas de sus casas y nos enseñaron desinteresadamente su realidad y su vida.


Jerónimo Rivero



jueves 4 de junio de 2009

Imanol el Caracol




El Proyecto Caracol, que llevamos a cabo por encargo de Fundación CODESPA, surgió con la ilusión de poner en los más pequeñines la semilla de la solidaridad. Entre los 2 y los 6 años, los niños reciben toda la información que conformorán sus cabecitas para el resto de su vida. Según los estudios de los especialistas, los hábitos, conocimientos y maneras que no adquieran en esta franja de aprendizaje se adquerirán de forma menos natural en los siguientes pasos evolutivos. Aprovechar esta etapa, es pues la mejor garantía de que en el futuro sean jóvenes concienciados y solidarios, personas más justas.

El formato de los cuentos resulta atractivo para todas las edades por la combinación de colores. El diseño de las imagenes busca combinar la realidad de las vidas de los niños de los paises más pobres, con la fantasía y el dibujo.

En cada una de las cinco historias que representan los cinco continentes, está siempre presente el mismo denominador; el optimismo, la esperanza y la confianza en el futuro de estos niños, quienes con la educación apropiada, serán capaces de sacar adelante su familia, comunidad y país.


La acogida del Proyecto Caracol, que amadrina Silvia Jato, ha sido magnífica. Se han asociado 50 colegios de distintas partes de España: Sevilla, Murcia, Gran Canaria, Pontevedra, Castellón, Madrid, Barcelona... y del mundo: Argentina, Colombia y República Dominicana.

Los niños han recibido a Imanol con todo el cariño y la inocencia que les caracteriza. Las profesoras y profesores que han implantado el proyecto en su aula, han comentado lo atractivo del proyecto, los cuentos, las actividades, la marioneta de Imanol.

Muchos están deseando iniciar el nuevo curso para volver a trabajar el Proyecto Caracol con los próximos alumnos.

Gracias Imanol!

Eva Latonda

Marketing con Causa

miércoles 27 de mayo de 2009

“No somos el desarrollo, sino facilitadores del desarrollo”



Rodrigo Guerrero, caleño, médico y ex alcalde de Cali, dirige desde su fundación la Corporación Vallenpaz, con la que CODESPA trabaja en el suroccidente colombiano brindando alternativas de convivencia, desarrollo y paz a la población más vulnerable ante el conflicto armado.



Rodrigo, ¿Cómo nació Vallenpaz?

Vallenpaz surgió a raíz de un secuestro masivo en el año 1999 en Cali, en el que el ELN, uno de los grupos guerrilleros colombianos, se llevó a más de 100 personas de la iglesia de La María. Este hecho provocó una conmoción inmensa en la ciudad, y comenzamos a reunirnos para pensar que podíamos hacer. Algunos sosteníamos que la mejor contribución para el refuerzo de la sociedad civil era irnos a meter en las zonas de conflicto y ver cómo ayudar a resolver los problemas que están en el fondo del mismo. Yo conocía mucho sobre este tema por mi trabajo con el gobierno del Presidente Pastrana… Focalizamos nuestra acción en el suroccidente colombiano, identificando comunidades en las que la gente estuviera comprometida con la búsqueda de soluciones para sus problemas.

"El fin del conflicto pasa por el desarrollo económico de la población civil, que es lo único que posibilita la resistencia"


En estos años Vallenpaz ha crecido rápidamente. ¿Cómo ha sido el proceso?

Vallenpaz se desarrolló muy rápido gracias a la experiencia acumulada en la Fundación Carvajal. Lo que hicimos fue trasladar esta experiencia que habíamos adquirido en los ambientes urbanos de Cali al medio rural del Valle del Cauca. Quisimos hacer una corporación incluyente con todos los sectores. Hoy en día tenemos más 700 socios de todos los estratos sociales, desde grandes empresarios hasta campesinos.

¿Cómo trabaja Vallenpaz?

Nuestros proyectos tienen tres componentes: capacitación, inversión en infraestructura, para que tengan sistemas de riego, centros de acopio, todo lo que les pueda hacer competitivos, y en tercer lugar, crédito a través de fondos rotatorios. De este modo, capacitamos a los campesinos para convertirlos en microempresarios y para que ellos después obtengan un crédito. La capacitación sigue siendo la parte fundamental, aunque es la más difícil. En el fondo nuestro trabajo se fundamenta en creer en la gente. Los campesinos toman sus propias decisiones, y nosotros les apoyamos y les acompañamos, porque estamos seguros de que son capaces de hacerlo. Puede que su educación formal haya sido pobre, pero su inteligencia y sus otras virtudes lo compensan. Lo único que Vallenpaz hace es facilitarles la oportunidad que no han tenido para desarrollarse. Entendemos que nosotros no somos el desarrollo, sino facilitadores del desarrollo.



¿Qué dificultades enfrentan?

Los procesos toman tiempo, ésa es una dificultad. Hay que vencer los escepticismos, entusiasmar a la gente... Las semillas toman tiempo en madurar, y uno no puede acelerar ese proceso. Si nos desesperamos porque no crece rápido la acabamos ahogando. Hay que dejarla, porque unas semillas crecen más rápido que otras. Ésta es la actitud que tenemos en Vallenpaz: creer que la semilla es buena, que la semilla crece, y que nosotros sólo tenemos que facilitarle la oportunidad de hacerlo.


La Corporación Vallenpaz trabaja con distintas etnias que tradicionalmente han vivido apartadas. ¿Qué ventajas tiene el trabajo conjunto?

En las zonas más deprimidas de Colombia la mayoría de los campesinos son indígenas o afro colombianos. Desde el principio quisimos trabajar con ellos sin distingos étnicos. A las zonas indígenas mandamos técnicos afro, y viceversa, para vencer las suspicacias que existen entre ellos, para que entiendan que sus problemas son iguales, a pesar del distinto color. Además, tienen incluso tradiciones comunes, que hemos recuperado, como por ejemplo la minga, que los negros llaman mano cambiada: los vecinos se reúnen para trabajar las fincas de las personas más vulnerables, una viuda, un enfermo… Esto fomenta la solidaridad y la unión, y evita que las fincas atrasen el trabajo.


"Si queremos fomentar el desarrollo y la paz, tenemos que trabajar donde no hay desarrollo y no hay paz"


Colombia sufre un conflicto armado interno desde hace más de 40 años. ¿Cómo se trabaja en un entorno como este?

Un principio de Vallenpaz es que tenemos que trabajar donde hay problemas. Sería más fácil trabajar donde no hay guerrilla, pero si queremos fomentar el desarrollo y la paz, tenemos que trabajar donde no hay desarrollo y no hay paz. Esto implica un compromiso muy claro de toda nuestra gente. Me maravilla siempre que todos estemos permanentemente dispuestos a correr riesgos, a ir a zona de peligro. Hace unos dos años sacaron un comunicado en el que acusaban a Vallenpaz de ser un instrumento de imperialismo norteamericano. Sin embargo, fueron los mismos campesinos los que expresaron a las FARC que no estaban de acuerdo con estas acusaciones. Ellos nos defendieron. A la guerrilla le decimos que en el fondo buscamos lo mismo con distintos medios. Discrepamos en la forma, pero en el fondo buscamos lo mismo que ellos dicen buscar, un mejor estar campesino. Esto nos ha permitido un grado de confianza que nos permite trabajar en la zona.


¿Cómo viven los beneficiarios la presión de los grupos armados?

Lo cierto es que los campesinos que empiezan a ver alternativas, dejan de trabajar en los cultivos ilícitos que los grupos armados proponen. El estar organizados facilita la resistencia civil de los campesinos. Ya no están solos, son un grupo, una comunidad, y no toman partido por nadie, ni por la guerrilla, ni por el ejército . A pesar de eso, nos han matado a varios líderes, pero la gente no se va, no se acobarda, porque han creado una conciencia de grupo. Hace unos años secuestraron a un alcalde indígena, y 500 familias, con niños, con ancianos, fueron a reclamarle. Y le liberaron.
El gobierno colombiano plantea una estrategia de erradicación ante los cultivos ilícitos. ¿Cuál es la posición de Vallenpaz?


No estamos de acuerdo ante la estrategia de erradicación con fumigación masiva de cultivos ilícitos. De hecho, Vallenpaz ha conseguido no haya fumigaciones de glifosato en las zonas en las que trabaja. Con las fumigaciones se destruye todo, pero al final los campesinos vuelven a los cultivos ilícitos, ya que no hay alternativa. Nosotros preferimos mostrarles las posibilidades que tienen dentro de la ley, porque creemos que no se destruye si no lo que se sustituye. Por eso la alternativa es cultivar productos que puedan ser vendidos. En realidad, el fin del conflicto pasa por el desarrollo económico de la población civil, que es lo único que posibilita la resistencia.
Hoy en día, gracias a los acuerdos con los almacenes, antes de sembrar ya sabemos que el producto va a ser comprado. Se ha creado incluso un sello de “Cosechas de paz” cuyo criterio es producción limpia, zonas de conflicto, y mercadeo directo.


La labor de Vallenpaz está dando sus frutos, a pesar de las dificultades…

Este trabajo es fascinante: uno va viendo como la gente despierta, cómo se convierten en líderes…

jueves 21 de mayo de 2009

Filipinas: tan lejos, tan cerca



Antes de visitar Filipinas, si alguien me hubiera preguntado sobre este país, sólo habría acertado a decir que es un país asiático, que perteneció a España hasta hace poco más de un siglo y que está lejos, muy lejos.

Hoy, tras pasar una semana escasa en aquellas tierras, puedo contar más, mucho más. Y podría hablar de colores por ejemplo, porque el astro rey incide con fuerza sobre la tierra, creando nuevas variedades cromáticas antes desconocidas para mis ojos, como el color verde de los campos, el más intenso que jamás he visto. Y de sonidos, como los de una barca al romper suavemente la quietud del mar, o la del azadón penetrando la fértil tierra. También podría hablar de olores y de sabores. Los del mercado, con las carnes colgando, los pescados en salazón, las frutas, verduras y el arroz omnipresente, que en armoniosa combinación en la mesa, forman una sabrosa mezcla, mitad oriental mitad española.


Pero sobre todo puedo contar cosas sobre los hombres y mujeres que allí me he encontrado. Personas que saben vivir con poco, casi con lo que les da la tierra, fruto de su trabajo y esfuerzo. Son personas adaptadas al entorno, a la naturaleza, capaces de dominarla sin herirla. Humildes, agradecidos y educados, siempre ofrecen algo de lo que poseen pues eres su invitado, aunque vayas a molestarlo. Y hablo de agricultores como Joenel, su mujer y sus seis hijos, cuya granja me hizo pensar en el paraíso; de Carlito, con una minusvalía física que no es impedimento para trabajar la tierra; de Boy, un emigrante retornado dispuesto a levantar su país; de Miriam y sus compañeras, trabajadoras incansables, en el campo y en su casa; de la Fundación Julio y Florentina Ledesma, cuyos técnicos trabajan de sol a sol para ofrecer mejores condiciones de vida a los campesinos.

Siete días hemos estado en Filipinas para grabar un documental sobre un proyecto de agroindustria que financia CODESPA. Siete días inolvidables en compañía de Luciano, cooperante en Filipinas y alma del video; Enrique, realizador del sueño; Fernando, buen productor y mejor persona; e Isabel, directora, la chica cariñosa, a la que todos queremos más de lo que cree.

No han sido muchos días, pero sí los suficientes como para sentir Filipinas mucho más cerca, a pesar de estar tan lejos.



José Luis Moraga

Cámara y guionista

lunes 18 de mayo de 2009

Visita a República Dominicana



El pasado mes de abril pasé unos días en República Dominicana, visitando uno de los proyectos que CODESPA tiene en la isla, con el fin de realizar unas fotografías de las beneficiarias del mismo.

Llegué a la ciudad de San Juan de Maguana, a unas 3 horas en autobús desde Santo Domingo, la capital de Rep. Dominicana, para visitar a la contraparte MUDE (Mujeres en Desarrollo), que trabaja en un sistema de microcréditos para mujeres de los barrios y comunidades mas humildes de la zona.

Las casas bajas de madera, pintadas de colores chillones, las frutas tropicales que se venden en cada esquina, el sol que aplasta y su gente, amable y alegre, caracterizan a esta ciudad dándole un aire inconfundiblemente caribeño. Ya en la oficina de MUDE me recibe Juan, el responsable, y me habla de su viaje a Bangladesh y de su encuentro con el Dr Muhammad Yunus. Me muestra fotos y me explica que en MUDE se basan en el sistema de microcréditos que hizo famoso al economista bengalí como "el banquero de los pobres".

A partir de allí, y durante algunos días acompañé en su trabajo diario a los técnicos de campo: Alejandro, Tatín y Willy. Con ellos visitamos tanto el mercado central de la ciudad de San Juan de la Maguana, donde muchas de las mujeres beneficiarias del proyecto tienen sus puestos de venta de verduras, de comida o de ropa, como los alrededores de la ciudad, donde se realizan las reuniones y en donde las mujeres tienen sus negocios, mayoritariamente pequeños comercios ("colmados" o almacenes de barrio, y salones de belleza y venta de diferentes productos), aunque también encontramos artesanas, cocineras, revendedoras puerta por puertade ropa, de gasolina y de café y trabajadoras del campo dedicadas a la agricultura y la ganadería.
Las reuniones se celebran en casa de alguna de las mujeres o en la misma calle. Las mujeres, en grupos, van llegando lentamente, cargando sillas de plástico en sus manos. El calor es fuerte y después de la caminata y de saludar amablemente,buscan la sombra y toman asiento. Sonríen con vergüenza al verme, algunas se esconden. Pero pronto se sueltan y comienzan a reír y a decirme cosas. Son, en su gran mayoría, alegres y desenvueltas. Algunas me cuentan con orgullo que hace más de cinco años que pertenecen al grupo, que son de las primeras y que todavía siguen allí, participando de cada reunión. En estos encuentros no se pierde el tiempo, ya que cada cual debe volver a sus labores, aunque, a pesar de las comprensibles prisas, se percibe entre los técnicos y las mujeres una relación que va mas allá del trabajo. Hay risas y confianza. Son todos Sanjuaneros.

Al comenzar y al terminar las reuniones, todos de pie y con los brazos en alto, técnicos y mujeres proclaman al unísono: "Con Disciplina, Unidad, Solidaridad y Trabajo lograremos nuestro desarrollo."
Jerónimo Rivero

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